Campos de Castilla
Unos cuantos años después, y en un momento de mi vida en el que procuro dar importancia a la belleza de las cosas sencillas, doy la razón a mi amigo Jandro y a sus palabras de entonces.
Ahora comprendo por qué poetas como Machado se enamoraban de los campos de Castilla (Verde que te quiero verde…). La belleza del campo castellano reside en cada una de sus partes, pero sobre todo en la suma de estas; las lineas que forma un viñedo que se pierde en la ladera, el verde de las primeras cebadas del invierno mezcladas con el gris de un suelo pedregoso, el mosaico de esos campos que incluso cuando están sembrados de las mismas semillas ofrecen disitintos tonos…
El campo nos ofrece una cara distinta cada día según el humor del que se encuentre. Hay días que está resplandeciente y nos ofrece sus mejores colores, mientras que otros está triste y nos contagia de sus grises. Es ahí donde radica su belleza. Es el rostro de un amigo en el que podemos leer la alegría del que regala y la tristeza de aquel al que no le queda nada…